La joven tuvo que huir de su país con su familia por haberse convertido
del Islam al cristianismo y ahora se enfrenta a varias órdenes de
detención en su país que le impiden seguir con su vida en España
Tiene raíces musulmanas y por seguridad prefiere no revelar su verdadero nombre, pero Sandra ahora es cristiana.
Nació y creció practicando el Islam,
pues además su padre era el imán de la mezquita de su barrio en
Singapur. A pesar de sentir muchas dudas sobre su fe, nunca fue capaz de
preguntar a su familia sobre sus inquietudes y aceptó aquello que le
enseñaban sin objeciones.
Así vivió hasta que conoció a su marido.
Sandra cuenta que “hablando con él me pareció encontrar todas las respuestas en el cristianismo. Cuando le conocí en Singapur, instantáneamente conectamos y juntos avanzamos en el amor a Jesucristo”.
El joven nació en Nigeria y sufrió en sus propias carnes la persecución a los cristianos. Su hermana gemela murió a manos de Boko Haram cuando ambos salían de la iglesia de su ciudad. Afortunadamente pudo huir para salvar su vida.
“Nos enfrentamos y decidimos decir la verdad. Lo que pasó después puso a prueba nuestra fe en el Señor”
A pesar de las diferentes historias
vividas, los jóvenes decidieron casarse siguiendo el rito musulmán para
que la familia de Sandra no sospechara nada. Su historia en común
comenzaba, y también la doble vida que les llevó a practicar su fe cristiana a escondidas.
Ser cristianos, un pecado
Su suerte se acabó cuando un familiar
de Sandra les vio salir de la iglesia católica donde se reunían. “Nos
enfrentamos y decidimos decir la verdad. Lo que pasó después puso a
prueba nuestra fe en el Señor”, cuenta la joven cristiana.
“Me dijeron que tenía que renunciar a mi fe cristiana y convertirme de nuevo al Islam. Yo me negué”
Su calvario comenzó cuando su padre decide separarla de su marido y sus dos hijos. Fue golpeada y torturada por su gran “pecado”, convertirse al cristianismo.
“Me dijeron que tenía que renunciar a
mi fe cristiana y convertirme de nuevo al Islam. Yo me negué”, prosigue
Sandra. Su padre le amenazó con hacer daño a su familia y a sus hijos
porque “lo habíamos deshonrado siendo cristianos y por lo tanto, no podíamos seguir con vida”.
Sandra siguió en contacto con su
familia gracias a la iglesia, a la que acudía a escondidas. Gracias a
ella, también consiguieron llegar a España para “escapar de todas las
amenazas de muerte contra mi familia que prometieron cumplir mis
parientes”.
Una nueva vida alejados de Singapur
La familia cristiana decidió dejar
todo lo que tenían, su casa, su negocio de compras por internet… y por
miedo a ser descubiertos cortaron cualquier contacto con Singapur para reconstruir su vida en España.
Los cuatro miembros pidieron la condición de refugiados religiosos, la cual les fue denegada.
Durante tres años han esperado para solicitar el permiso de trabajo,
pero es necesario certificar que los miembros no tienen antecedentes
penales.
“Estamos sobreviviendo con la ayuda de Cáritas y Cruz Roja pero es insuficiente para nuestra familia”
Sobre Sandra pesan cuatro órdenes de
detención por no haber presentado los ingresos anuales del negocio que
regentaban en Singapur y que no cerraron para no levantar sospechas de
sus intenciones de huida. Tras las apelaciones en los
tribunales, la multa ha quedado reducida a 2.000 euros, pero la familia
no dispone de ningún tipo de ingreso.
“Estamos sobreviviendo con la ayuda
de Cáritas y Cruz Roja pero es insuficiente para nuestra familia. Hemos
sido bendecidos con dos niños más y deseamos trabajar para proveerles de un futuro mejor”, cuenta desesperada Sandra.
La mujer cristiana no pierde la fe y asegura que “tenemos la esperanza de que nuestra situación va a cambiar a medida que miramos adelante, hacia el futuro”.
El Observatorio para la Libertad Religiosa ha
puesto en marcha una campaña para recaudar fondos con el fin de ayudar a
Sandra y a su familia a pagar las multas de Singapur antes del 18 de
julio, fecha límite para abonar la multa reducida.



0 comentarios: